La capacidad reflexiva: una clave para mejorar nuestras relaciones interpersonales

Introducción

En mi experiencia clínica, cuando trabajamos temas de pareja, de amistad o de crianza, aparece con frecuencia una raíz común en muchos conflictos: la tendencia a dar por sentado que el mundo interno del otro nos resulta completamente visible, como si los motivos que le llevan a actuar estuvieran a la vista y no hubiera nada por descubrir.

Muchas veces interpretamos las acciones y palabras de nuestra pareja, hijos/as o de las personas cercanas, desde nuestras propia experiencia, fantasías o esquemas inconscientes, como si compartiéramos la misma mirada y esto puede convertirse en un obstáculo: dejamos de reconocer al otro como alguien diferente, con intenciones, motivaciones e inquietudes propias, que no siempre coinciden con las nuestras.

Orígenes del concepto RF.

En inglés se conoce como Reflective Function (RF), término desarrollado por Peter Fonagy, Mary Target, y otros colaboradores en el contexto del desarrollo infantil y la teoría del apego.

En 1962, Bion W. Introduce la expresión teórica:  Capacidad de rêverie

  • Bion plantea que el cuidador (en particular, la madre) desempeña una función de «continente» para las emociones del bebé.

  • A través de su función de rêverie, la madre puede recibir, procesar y devolver al bebé sus estados emocionales de una manera digerible.

  • Esta función es precursora de la mentalización: el bebé internaliza gradualmente la capacidad de pensar sobre sus propios estados internos gracias a la experiencia de ser pensado por otro.

En 1971 Winnicott D. Introduce el concepto de Madre suficientemente buena.

  • Winnicott describe cómo una madre sintonizada con su bebé facilita el desarrollo del «self verdadero», permitiendo que el niño experimente su subjetividad de forma segura.

  • Esta interacción temprana promueve el desarrollo de la capacidad para representarse internamente a sí mismo y al otro.

En 1989 (en adelante) Fonagy P, Target M Y Jurist, comienzan a teorizar sobre la teoría de la mente. 

  • Fonagy y colaboradores acuñan el concepto de «mentalización», que es muy cercano a la capacidad reflexiva pero más amplio.

  • La capacidad reflexiva es vista como la manifestación observable de la capacidad para mentalizar.

  • La mentalización surge dentro de relaciones de apego seguras. Cuando el cuidador refleja adecuadamente el estado mental del niño, este comienza a desarrollar un modelo interno de la mente del otro y de sí mismo.

Desarrollo de la capacidad reflexiva.

  • Se desarrolla en la infancia, especialmente en los primeros años de vida, dentro del contexto de vínculos seguros con cuidadores sensibles.
  • Se consolida durante la niñez, pero puede fortalecerse o debilitarse a lo largo de la vida, dependiendo de factores como el estrés, los traumas, o las relaciones significativas.

La capacidad reflexiva: la habilidad de detenernos y pensar no solo en lo que sentimos nosotros, sino también en lo que puede estar sintiendo o pensando el otro. Es el paso que nos permite reconocer al otro como otro, con una mente independiente y compleja.

Desarrollar esta capacidad abre la posibilidad de comunicarnos de un modo más auténtico, de escuchar sin apresurarnos a interpretar, y de construir vínculos más sólidos y respetuosos, tanto en la pareja como en la relación con los hijos. Porque comprender al otro no significa adivinarlo, sino acercarnos a su mundo interno con curiosidad.

Beneficios de la capacidad reflexiva.

  1. Mejora la comunicación
    • Permite escuchar y comprender al otro sin prejuicios ni suposiciones automáticas.
  2. Fortalece las relaciones interpersonales
    • Facilita la empatía real y el entendimiento mutuo, reduciendo conflictos.
  3. Regulación emocional
    • Ayuda a manejar emociones propias y a responder adecuadamente a las emociones ajenas.
  4. Resolución de conflictos
    • Permite interpretar intenciones y motivaciones, evitando malentendidos.
  5. Desarrollo de autonomía y seguridad en los hijos
    • Al comprender y acompañar sus estados internos, los niños aprenden a identificar y expresar sus emociones.
  6. Autoconocimiento
    • Favorece la reflexión sobre nuestros propios pensamientos, emociones y comportamientos.
  7. Prevención de reacciones impulsivas
    • Ayuda a pausar y evaluar antes de actuar, mejorando la toma de decisiones.

La capacidad de detenerse, reflexionar sobre uno mismo y sobre los demás es un recurso que puede desarrollarse con práctica y acompañamiento. En el espacio terapéutico, trabajamos en cultivar esta habilidad, explorando el significado detrás de gestos, palabras y emociones. Este ejercicio sostenido favorece vínculos más empáticos, genuinos y conscientes, allí donde es posible.

Tania D´Andrea.

Psicóloga General Sanitaria.